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Democracia, autocracia y entrampamientos [COLUMNA]

Este año, además, el 28 de julio coincide con la conmemoración del bicentenario de nuestra Independencia, que dará lugar a la inauguración de obras físicas y a la reiteración del compromiso de realizar las tareas pendientes: desarrollo, inclusión, justicia.

24 de marzo del 2021
Fernando Carvallo
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Las campañas electorales y la entrada en funciones de nuevas autoridades sirven para renovar la confianza en nuestra República. Este año, además, el 28 de julio coincide con la conmemoración del bicentenario de nuestra Independencia, que dará lugar a la inauguración de obras físicas y a la reiteración del compromiso de realizar las tareas pendientes: desarrollo, inclusión, justicia. Sin embargo, este año poco podremos inaugurar, abrumados como estamos por la pandemia y la inestabilidad política. La obra física más memorable será sin duda el nuevo Museo Nacional, construido en las inmediaciones del santuario más importante de la costa, Pachacamac. Lejos de despertar confianza y entusiasmo, la campaña genera incertidumbres y temores. En vez de debates de ideas y proyectos, los momentos más intensos son acusaciones e investigaciones judiciales. El politólogo Martín Tanaka afirma en El Comercio que el contexto de la pandemia ha favorecido en América Latina la “viralización” de tentaciones autocráticas, como observamos en El Salvador, Paraguay, México, Brasil y Bolivia. Las premisas son las mismas: satanización de los adversarios, ataques a la prensa independiente, desconfianza en las instituciones. En el caso del Perú, “los actores políticos principales se enfrascaron en una lógica de conflicto crecientemente polarizante y destructiva que terminó afectando incluso el consenso económico”. Según Tanaka nuestro riesgo principal no es el de la autocracia sino el del “entrampamiento permanente… que impida un mínimo de gobernabilidad”. Tanaka concluye que ninguna candidatura podrá resolver este problema por sí sola: “Se requerirá construir coaliciones en torno a plataformas mínimamente sensatas”.

Uno de los frentes de batalla es el de la libertad de prensa, al que Andrés Calderón consagra su columna en El Comercio. El jurista defiende tres tesis, ligadas a experiencias recientes en nuestro agitado clima político: 1) Mentir no es un derecho, pero castigar no es la mejor solución. Y sobre todo no la censura estatal. 2) La bancada de Fuerza Popular se ha visto asociada durante los últimos cinco años a no menos de 25 proyectos de ley que afectaban la libertad de expresión, la propiedad de los medios de comunicación, la difusión de chats y la llamada ley Mulder sobre la publicidad estatal. 3) Es repudiable elaborar teorías conspirativas contra una periodista por el solo hecho de haberse reunido con un dirigente político. Los periodistas tienen derecho a proteger sus fuentes.

A propósito de elecciones, vale la pena sacar algunas enseñanzas de los resultados de los comicios celebrados ayer en Israel, acaso la única democracia consolidada del Medio Oriente. Por cuarta vez en dos años, los israelíes fueron convocados a votar por un nuevo parlamento, de donde procederá el primer ministro y el gobierno. Por cuarta vez, la mayor votación relativa la obtuvo el conservador Benjamin Netanyahu. Pero el partido de Netanyahu y sus aliados ultraortodoxos y ultraconservadores no llegan a obtener la mitad más uno de los escaños, lo que lo obligará a pactar con severos detractores para poder continuar en el poder. El entrampamiento político en Israel permite hacer tres observaciones: 1) El electorado no ha sancionado mayoritariamente a Netanyahu por los graves cargos de corrupción que pesan sobre él y que lo han convertido en el primer jefe de gobierno que no renuncia pese a hallarse investigado por la Justicia. 2) El electorado tampoco ha premiado a Netanyahu por su excelente gestión de la vacunación. El diario israelí Haaretz sostiene hoy que el electorado se ha comportado como si no hubiera pandemia. 3) El electorado no ha priorizado la situación geopolítica en la que se halla Israel, que 73 años después de su fundación no ha resuelto su coexistencia pacífica con Palestina.

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