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Fútbol: victoria de la disciplina y la autoestima

El deporte es la mayor pasión colectiva de nuestra época. La contundente victoria ante Chile nos alienta a creer que con autoestima y organización somos capaces de grandes realizaciones.

04 de julio del 2019
Fernando Carvallo
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Paolo Guerrero celebra su gol, el tercer de Perú ante Chile. | Fuente: Paolo Guerrero celebra su gol, el tercer de Perú ante Chile. | Fotógrafo: EFE

Lo notable de la contundente victoria ante Chile es que el Perú debió sobreponerse al traspié sufrido contra Brasil y supo sacar provecho de las adversidades. Lejos de intimidarse, la selección bicolor mostró orden y determinación desde el primer momento hasta el penal tapado por Pedro Galese poco antes del silbato final. El marcador final, 3 a 0, confirma los buenos resultados de una dirección técnica que ha sabido transmitir autoestima y compromiso con el juego colectivo.

Chile controló la pelota durante más tiempo que nuestra selección e hizo más tiros al arco, pero el Perú respetó el dispositivo previsto para neutralizar a los experimentados delanteros rivales y aprovechar sus debilidades defensivas. El fútbol es quizás la mayor pasión colectiva de nuestra época, pero gana el que conoce sus virtudes y observa al adversario con la cabeza fría. El domingo tenemos la oportunidad de una revancha histórica en la final de la Copa América, que nos haga comenzar bajo los mejores auspicios los Juegos Panamericanos que acogemos a partir del próximo viernes 26.

Goles en lo comercial y económico

Lo que hemos conquistado en el plano deportivo, viene germinando en el plano comercial y económico. La Alianza del Pacífico es el fruto de una conciencia realista del mundo contemporáneo: hay que aprender a unirse para poder gravitar en el nuevo escenario que se forja ante nuestros ojos. Dos potencias de más de 1,300 millones de habitantes, un bloque de 450 millones de europeos y una potencia nuclear como Rusia disputan a Estados Unidos la hegemonía en un mundo que ha cesado de ser bipolar.

Sin embargo, ya no es momento de admirar las ideas de base ni las grandes promesas. Necesitamos políticas que aún no vemos realizadas. ¿Dónde están los proyectos regionales, la integración de los mercados financieros, la explosión del comercio, la simplificación administrativa dentro y fuera de las fronteras? Tampoco hemos avanzado en la integración efectiva de países que tocan a nuestras puertas, como Ecuador, Panamá, Canadá y Nueva Zelanda. Y el presidente del Consejo Empresarial, Alfonso Bustamante, ha desplegado prodigios de diplomacia para disimular la decepción que parece apoderarse de su gremio.

Reconozcamos pese a todo que los presidentes de los cuatro países miembros, México, Colombia, Chile y Perú, han cambiado durante los últimos meses, sin que intereses nacionales o sesgos ideológicos prevalezcan sobre el proceso integrador más viable de las ultimas décadas. Sabemos demasiado bien que nuestras Repúblicas nacieron soñando con la patria grande, aunque tuvieron que despertar a la dura realidad desde el Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1826.

Soluciones en minería y petróleo

Y a propósito de dificultades para mantener el impulso de nuestras empresas y proyectos productivos, es inevitable preguntarnos cuándo aparecerán soluciones para Tía María y cuándo cesará de derramarse el petróleo que circula desde la selva hasta la costa a través de un oleoducto de más de 1,100 kilómetros.

Se trata naturalmente de dos empresas completamente diferentes, una pública y la otra privada, una de cincuenta años y otra que lucha por nacer, una en la selva y otra en la costa. El oleoducto ha sido saboteado, causando que el petróleo contamine el rio Marañón y poniendo en riesgo la salud de comunidades nativas.

En Tía María, los adversarios de la inversión minera invocan la eventualidad de daños ecológicos para impedir que el Estado conceda la licencia o peor aún, teniéndola que se impida su vigencia, recurriendo para ello a amenazas y el uso de la fuerza. ¿Qué desarrollo podemos lograr sin aprovechar los recursos de nuestro suelo? La respuesta es ninguno.

Las cosas como son

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