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"La decencia en el corazón de la Nación" [COLUMNA]

El presidente electo Joe Biden pronunció un breve discurso horas después de que el Colegio Electoral lo proclamara oficialmente vencedor de las elecciones, en el que preconizó la vuelta a los valores que han hecho de Estados Unidos un país querido y admirado.

15 de diciembre del 2020
Fernando Carvallo
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Joe Biden fue proclamado oficialmente vencedor de las elecciones. | Fuente: AFP | Fotógrafo:

El presidente electo Joe Biden pronunció un breve discurso horas después de que el Colegio Electoral lo proclamara oficialmente vencedor de las elecciones del pasado 3 de noviembre. Biden preconizó la vuelta a los valores que han hecho de Estados Unidos un país querido y admirado: funcionamiento de las instituciones democráticas, respeto a las libertades, apego a la verdad y a la ciencia, vigencia de una constitución que se ha aplicado a lo largo de su historia bicentenaria. Biden sostuvo que había llegado la hora de terminar con las divisiones en base a colores políticos, al origen de las personas, creencias, niveles de ingreso o lugares de residencia. Biden atacó a algunos parlamentarios y dirigentes del partido republicano que, contra toda evidencia, persisten en no reconocer los resultados electorales. El discurso de Biden tuvo lugar el día en que Estados Unidos superaba la cifra de 300,000 muertos a causa del coronavirus. Y coincidió también con el anuncio de la salida del Fiscal General (ministro de Justicia), William Barr, quien afirmó que no existen razones para decir que los resultados electorales se han visto distorsionados por el fraude. Más que una victoria política, Biden interpretó su compromiso como una “batalla por el alma de la nación”, es decir por una virtud que algunos creen caduca: la decencia.

También en el Perú vivimos divisiones exacerbadas, promovidas sin duda por intereses bajo la mesa, pero también por la sospecha generalizada de corrupción. La comisión de fiscalización del Congreso ha concluido su informe sobre las responsabilidades del expresidente Martín Vizcarra en el llamado caso “Richard Swing”. La comisión que sigue siendo presidida por Edgar Alarcón recomienda que se inhabilite a Vizcarra para toda función pública durante diez años. Desde ya se han formulado dos tipos de objeciones: la primera tiene que ver con el sesgo manifiesto de hostilidad a Vizcarra, quien prepara su candidatura junto a algunos de sus exministros en la lista parlamentaria de Somos Perú. Otra objeción tiene que ver con una sentencia del Tribunal Constitucional, que en el 2003 observó el riesgo de que el Congreso impusiera sanciones a personas que a la vez son investigadas judicialmente. ¿Qué pasaría, en efecto, si el Congreso sanciona a alguien que después es declarado inocente por la Justicia? A esos dos argumentos se añade la poca credibilidad de Alarcón, miembro de la bancada inspirada por Antauro Humala y uno de los principales promotores de la vacancia de Vizcarra. También resulta chocante que Alarcón haya denunciado al congresista Luis Roel Alva, quien presidió la subcomisión de acusaciones constitucionales, que, ¡oh sorpresa!, había presentado una denuncia contra Alarcón.

Queda claro que también en el Perú tenemos que librar una batalla por la decencia, que nos permita algún día cesar de asociar a la clase política con querellas sectarias y encubrimiento de la corrupción. Esa es la tarea de la Educación, orientada a la formación en valores y a la responsabilidad por la vida de la comunidad. Por eso resulta inquietante el artículo publicado en El Comercio por Andrés Oppenheimer. El analista argentino de CNN y del Nuevo Heraldo afirma que “casi la mitad de los niños en algunas de las regiones más pobres de América Latina han abandonado la escuela desde el comienzo de la pandemia”. Si no se toman medidas urgentes, dice, la deserción puede aumentar la pobreza, la inequidad y la migración masiva, a la vez que reducir la competitividad. El artículo cita a Jaime Saavedra quien propone que las escuelas funcionen durante las vacaciones de verano y que lo hagan con más turnos para reducir el aforo.

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