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Incendios en la economía y en la sociedad

Los problemas económicos no se resuelven solo con medidas económicas, porque se producen al interior de sociedades que funcionan también en base a reflejos morales, culturales y sociales.

30 de octubre del 2020
Fernando Carvallo
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Economía peruana | Fuente: Foto: Andina | Fotógrafo:

El economista Roberto Abusada sostiene en El Comercio que “la crisis política, económica y sanitaria debe hacernos reflexionar sobre el grave peligro que está corriendo la fortaleza macroeconómica y sus implicancias en términos de miseria, sufrimiento popular y desesperanza…”. Es fácil comprender que la caída de los ingresos fiscales y el incremento del gasto público aumentarán el déficit y la deuda. Es más difícil entender las consecuencias de la pérdida de confianza de inversionistas extranjeros, tenedores de bonos en soles y empresarios que han venido invirtiendo sus utilidades en el Perú. Abusada reprocha a la clase política, tanto al Ejecutivo como al Parlamento, estar “jugando con fuego sin entender las consecuencias de un incendio nacional”. Por su parte los economistas y exministros Alonso Segura y Piero Ghezzi recuerdan en Gestión que “la recuperación económica depende de la evolución del virus en los próximos meses”.

Destacan que “las cifras de fallecidos totales ya casi han regresado a su promedio histórico”, pero desestiman que se pueda contar con la inmunidad de rebaño para evitar la eventual llegada de “una segunda ola”. A diferencia de Abusada, Segura y Ghezzi subrayan sobre todo la falta de “diligencia y responsabilidad del Congreso”. Su artículo, A Dios rogando…, concluye con una lista de deficiencias de nuestra economía que la pandemia ha vuelto más urgente que nunca si aspiramos al desarrollo: bajo crecimiento, débil productividad, informalidad elevada, escasa recaudación tributaria, brechas sociales, provisión ineficiente de bienes y servicios.

Los problemas económicos no se resuelven solo con medidas económicas, porque se producen al interior de sociedades que funcionan también en base a reflejos morales, culturales y sociales. De ellos depende la armonía entre sectores sociales y comunidades étnicas diferentes en sociedades cada vez más heterogéneas. Por eso el racismo en todas sus variantes es uno de los más graves factores de conflicto y ruptura de la paz social. Acaso su variante más antigua y constante es el antisemitismo, porque nació durante el Imperio Romano, antes del cristianismo, y más de dos mil años después inspiró durante el régimen nazi el peor crimen de la historia: el holocausto de seis millones de judíos europeos. Por eso vale la pena destacar la suspensión impuesta ayer por el partido laborista del Reino Unido a quien fuera su líder y dos veces candidato a primer ministro, Jeremy Corbyn.

La sanción es consecuencia del informe de la Comisión independiente sobre igualdad y derechos humanos, que reprocha a Corbyn su pasividad ante declaraciones antisemitas de algunos miembros del principal partido británico de oposición. Le atribuye también haber interferido para garantizar impunidad a un autor de grafitis urbanos antisemitas, e incluso de haber obstaculizado las investigaciones de la comisión. El actual líder del laborismo, Keir Starmer, no ha tardado en reaccionar: “Es un día de vergüenza para nuestro partido. Los que niegan la existencia de un problema con el antisemitismo no tienen lugar en el laborismo”, fulminó. Starmer presentó excusas a los numerosos judíos que son miembros de un partido fundado en 1900, que tiene 300 mil afiliados y que ha dado al Reino Unido seis primeros ministros.

Starmer ya había mostrado determinación al separar de su “gabinete en la sombra” a la diputada Rebecca Long-Bailey por haber compartido en su cuenta de twitter un artículo con afirmaciones antisemitas. El diario conservador The Times no se priva de atacar en su titular a su viejo adversario: “Condenado y suspendido, Corbyn persiste en presentarse como víctima”. Retórica política existe en todos los países del mundo, pero en pocos se respetan las comisiones independientes y en muy pocos existen políticos que se inclinan ante la verdad por incómoda que resulte.

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