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El Perú en el juego de las potencias globales [COLUMNA]

Unos países observan a otros para saber cómo actúan frente a las cuarentenas, los testeos masivos, los flujos financieros, los medicamentos, los dispositivos hospitalarios y la esperanza de contar pronto con una vacuna segura.

03 de septiembre del 2020
Fernando Carvallo
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La pandemia nos ha mostrado que cada país se halla solo ante sus decisiones, a pesar de que todos enfrentan el mismo problema. Las relaciones comerciales se adaptan a las nuevas circunstancias, los mercados de capitales evolucionan con su propia lógica, la migración continúa siendo un fenómeno universal, la dominación científica de las grandes potencias se consolida y el turismo espera su hora para volver a dar curso al gusto por recorrer el planeta.

Unos países observan a otros para saber cómo actúan frente a las cuarentenas, los testeos masivos, los flujos financieros, los medicamentos, los dispositivos hospitalarios y la esperanza de contar pronto con una vacuna segura. Los países estamos más interrelacionados que nunca, pero el virus ha causado nuevas formas de aislamiento, como evidencia el relativo silencio de la OEA y de la ONU. Solo la voz de la OMS se oye de vez en cuando para desvirtuar informaciones falsas y preconizar con poco éxito un mecanismo multilateral que haga accesible la vacuna a los países con menos recursos. 

El Perú mantiene relaciones comerciales con cada vez más países. Durante la pandemia han aumentado nuestras exportaciones de varios productos alimentarios. Y tenemos acuerdos con los principales centros de poder global: Estados Unidos, China, Unión Europea, Rusia. Nuestra diplomacia ha navegado entre escollos y rivalidades, intentando hacer prevalecer el interés nacional. Pero cada vez se hará más difícil mantener relaciones igualmente provechosas con China y Estados Unidos. Llegará el momento en que consumir productos chinos, como el celular Huawei o la plataforma TicToc sea objeto de presiones, como sucede en otras regiones del mundo.

El tema de las inversiones chinas ha terminado por repercutir sobre un punto que ha dividido a los países de la región: la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo. Desde su fundación en 1959 el BID ha tenido su sede en Washington, mientras que su presidencia era ejercida por un latinoamericano. Pero el presidente Donald Trump ha decidido romper esta tradición buscando instalar en la presidencia a un funcionario estadounidense de su entorno: Mauricio Claver-Carone, quien dice ser tan latinoamericano como el presidente saliente, Luis Alberto Moreno. La elección debe tener lugar el próximo sábado 12, pero para evitar la polarización algunos países propusieron postergar la fecha para después de la elección en Estados Unidos. Claver-Carone, de origen hispano y cubano, considera que se trata de una maniobra que él explica a El País con una expresión tomada del fútbol: “El partido va 21 a 4, pero el que va perdiendo quiere llevarse la pelota fuera del campo”. Argentina, Chile, Costa Rica y México proponen la postergación y podrían reunir el 25% necesario para privar de quorum a la elección. Todavía no sabemos cómo votará el Perú, pero no podrá mantener su tímido silencio durante mucho tiempo.

Por su parte, los 27 países de la Unión Europea han constituido un fondo de mil millones de euros para responder a necesidades sanitarias y sociales en América Latina. Su Alto Representante para Asuntos Exteriores, Josep Borrell publica una columna en Gestión, en la que destaca algunos aspectos de la realidad latinoamericana: bajos niveles de confianza en las instituciones, informalidad, desigualdad, hacinamiento en vivienda y transporte, falta de agua potable y débiles servicios de salud. Borrell constata que las respuestas financieras multilaterales no han conseguido satisfacer las necesidades reales de países con escasos ingresos fiscales.

La nueva normalidad se expresará también en nuestras relaciones internacionales. Lo que no cambia es la necesidad de un Estado eficiente que sepa insertarse en el mundo que se reconfigura ante nuestra vista. Ya lo decía el general De Gaulle: “Los países no tienen amigos. Tienen intereses”.

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