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El retorno de Pedro Cateriano [COLUMNA]

Aunque conserva los mismos adversarios de la campaña de 1990 (apristas y fujimoristas), esta vez el foco de su atención tiene que dirigirse al coronavirus y la grave caída económica que nos ha causado.

16 de julio del 2020
Fernando Carvallo
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Pedro Cateriano jurando como nuevo presidente del Consejo de Ministros ante el presidente Martín Vizcarra. | Fuente: Presidencia | Fotógrafo:

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Algunos lo creían dedicado a escribir sus memorias, a dar conferencias en España y a someterse a las diligencias fiscales que promovieron quienes querían eliminarlo políticamente. Pero no. Pedro Cateriano se estaba preparando para contribuir nuevamente con la tarea de culminar un quinquenio difícil y garantizar en las mejores condiciones una transferencia democrática. Aunque conserva los mismos adversarios de la campaña de 1990 (apristas y fujimoristas), esta vez el foco de su atención tiene que dirigirse al coronavirus y la grave caída económica que nos ha causado.

Con Cateriano llega al poder un político maduro, con una visión de lo que el país necesita y de las fuerzas con las que puede contar para impulsar su recuperación. Pero el liberalismo integral con el que inició su carrera pública como diputado hace treinta años tiene que encarnarse en un contexto inédito: el de las graves restricciones impuestas a la libertad personal y a la económica como consecuencia de la lucha contra la pandemia.

La entrada en funciones de Cateriano coincide con un desconfinamiento gradual, preparado por su predecesor, quien pasó de dedicarse a apagar el incendio de la disolución del Congreso a impulsar medidas de contención contra la pandemia. Mientras el nuevo primer ministro prestaba juramento, miles de peruanos comenzaban a desplazarse en vuelos y buses interprovinciales, al término de cuatro meses de cuarentena. También ayer pudo evitarse la paralización del servicio del Metropolitano gracias a un recurso que parecía una mala palabra a los jóvenes turcos del Movimiento Libertad: subsidio del Estado.

Le ha llegado la hora de poner en práctica la larga experiencia adquirida, en particular durante los catorce meses en que ejerció la misma función durante la presidencia de Ollanta Humala. Nuestra clase política suele estar compuesta por tribus que siguen caudillos pero no doctrinas ni lealtades a valores. Por eso es raro que un político vuelva a la PCM bajo un presidente con una orientación política distinta.

Vizcarra ha optado por la experiencia, el liderazgo y la integridad. La formación del gabinete parece fruto de un compromiso entre el Jefe de Estado y el vocero del gobierno. Entre las personalidades más inesperadas y más cercanas a Cateriano se puede destacar a Rafael Belaunde Llosa, a quien se ha encargado la cartera clave de Energía y Minas. No se necesita gran ciencia económica para saber que en un momento en que el precio del cobre sube, la minería puede ser nuestra principal arma para salir de la catástrofe económica.

¿Será posible que la desdichada pandemia nos deje como lección que nada impide que un proyecto de inversión extractiva satisfaga las demandas sociales y las exigencias ecológicas? Corresponderá a un nieto de Fernando Belaunde liderar una política minera que corresponda con una idea simple formulada por el dos veces expresidente: la conquista del Perú por los peruanos.

Pero a la batalla contra el coronavirus y la caída económica, se añade la necesidad de vencer en la lucha contra la corrupción. La amenaza sanitaria desvió el foco de la atención pública y poco a poco Odebrecht y “los hermanitos” fueron desapareciendo de los titulares. Ya como diputado Cateriano había dado muestras de tenacidad y de independencia para identificar los hilos inextricables que hacen circular el dinero sucio, corrompiendo conciencias y desnaturalizando nuestras instituciones.

Doce meses es poco tiempo para hacer reformas. Pero es el plazo que tenemos para celebrar nuestro bicentenario. Intentar reformas no solo es el mandato político de Cateriano. Es también la mejor manera de honrar a nuestros muertos y asociar con sus memorias el deber de una generación: ¡Nunca más servicios públicos indignos, nunca más desigualdades insultantes, nunca más corrupción!

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