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Clínicas y hospitales contra el coronavirus

Vencer en la batalla contra el coronavirus, sentar las bases de la recuperación económica y lanzar la reforma de las instituciones son las tres tareas que tiene que llevar a cabo el gobierno antes de las elecciones generales de abril próximo.

26 de junio del 2020
Fernando Carvallo
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Gobierno firmó acuerdo con las clínicas privadas. | Fuente: Foto: Andina | Fotógrafo:

Vencer en la batalla contra el coronavirus, sentar las bases de la recuperación económica y lanzar la reforma de las instituciones son las tres tareas que tiene que llevar a cabo el gobierno antes de las elecciones generales de abril próximo. De alguna manera esos tres objetivos diferentes se entrecruzan en el acuerdo alcanzado por el Estado con la Asociación de clínicas. Las clínicas son empresas privadas que generan empleo e innovación, son actores esenciales de nuestro sistema de salud y son expresión de la desigualdad de nuestra sociedad. Pese a los pronósticos catastrofistas de algunos y a la reprobación de diferentes partidos, el Acuerdo contribuye con el imperativo mayor de salvar vidas humanas. Y nos libera de lo que hubiera podido ser un nuevo entrampamiento constitucional, una crisis política innecesaria y una fuente de resentimientos, recriminaciones y desconfianza. Debemos celebrar que el titular del Acuerdo Nacional y el arzobispo de Lima hayan facilitado lo que parece que nos cuesta tanto y  es el origen de la precariedad de nuestra democracia: saber escucharnos, aceptar las diferencias, buscar consensos ajenos a la lógica de la confrontación. La situación inédita de emergencia sanitaria y el número creciente de muertos ameritan que hagamos el esfuerzo de superar el cainismo y aportar soluciones que no darán entera satisfacción a nadie, pero que tomarán en cuenta los intereses de todos.

Cuando el coronavirus haya sido vencido, el narcotráfico seguirá perturbando nuestra vida pública, corrompiendo funcionarios y propiciando la aparición de fortunas inexplicadas. Por eso es importante recordar que hoy es el Día internacional de la lucha contra el tráfico ilícito de drogas. En nuestro país el narcotráfico significa que una vasta zona, el VRAEM, se halla bajo amenaza constante de la acción de grupos criminales que han logrado mantener su actividad pese a la cuarentena. Significa también que nuestras fronteras con Colombia, Brasil y Bolivia se han vuelto porosas. El desempleo creciente facilitará que más agricultores y jóvenes emigrados de las ciudades se incorporen al narcotráfico. Por eso, es urgente aumentar los recursos de DEVIDA para que pueda fomentar los cultivos alternativos, la reforestación, las piscigranjas y el mantenimiento de caminos vecinales. DEVIDA tiene también el deber de dar protección a las comunidades nativas, particularmente vulnerables frente a grupos criminales, pero también frente a virus y otras amenazas sanitarias. El actual Jefe de DEVIDA, Rubén Vargas, nos dará explicaciones en Ampliación de Noticias.

La palabra “iconoclastia” solía designar una forma particular de fanatismo religioso que durante la Edad Media se propuso acabar con las representaciones plásticas de Jesús y los santos. A causa de los iconoclastas se destruyó parte del patrimonio artístico que floreció durante los primeros siglos de la era cristiana. Pero hoy estamos ante un nuevo tipo de iconoclastia, dirigido en particular contra esculturas públicas asociadas de una manera u otra al esclavismo. El fenómeno nació en Estados Unidos, a partir del rechazo a estatuas de militares que lucharon contra el Estado federal durante la guerra civil realizada hace más de 150 años. Pero han habido actos iconoclastas contra estatuas de Cristóbal Colón y hasta del escritor Miguel de Cervantes, quien fue rehén de piratas en Argelia durante varios años. En California ha sido destruida la estatua del fraile franciscano Junípero Serra, canonizado recientemente por el Papa Francisco. El retiro de ciertas estatuas ha gozado de amplios consensos, como la de Sadam Hussein en Irak u otros dictadores derrocados. El odio racista y el esclavismo son crímenes contra la humanidad.  Pero la destrucción sin consulta democrática de estatuas de personas inocentes solo puede terminar llevándonos a una nueva forma de intolerancia medieval.

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