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Persistencia y unión para salir de las crisis

Hubiéramos podido esperar que el Congreso tome el peso de la situación y evite actuar como un factor de distracción, pero si fuera por algunos congresistas nuestro sistema financiero se convertiría en una víctima más del coronavirus y el populismo. 

15 de junio del 2020
Fernando Carvallo
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La aglomeración de personas en los mercados hizo se se convirtieran en focos de contagio del coronavirus. | Fuente: Andina | Fotógrafo:

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Es inevitable verse asaltado por la tristeza cuando uno lee el artículo publicado en el New York Times sobre la pandemia en nuestro país. Bajo el título de El virus exhibe las debilidades de la historia de éxito de Perú, los corresponsales del diario comienzan afirmando que “el gobierno centrista de Vizcarra” fue uno de los primeros en la región que adoptó medidas drásticas de confinamiento como expresión de la prioridad dada a la protección de la salud de los ciudadanos. Afirma también que la estabilidad macroeconómica del país le permitió desarrollar un ambicioso programa de ayuda a las empresas y a los sectores sociales más vulnerables. Y sin embargo, el Perú pasó a ser uno de los países con mas altos índices de infección y al mismo tiempo con las previsiones más graves de caída económica. Para el diario de la capital financiera de Estados Unidos las razones de esta paradoja son dos: la desigualdad y la corrupción.

La desigualdad significa que pese a las altas tasas de crecimiento, la mayoría de la población siguió trabajando al margen de la ley y con baja productividad: el crecimiento del PBI no impidió que un amplio segmento de la población viviera sin capacidad de ahorro y por tanto incapaz de cumplir con las restricciones impuestas por la cuarentena. Por otra parte, nuestro triste récord de presidentes investigados por corrupción explicaría por qué no se mejoraron los servicios públicos, en particular la educación y la salud. El artículo termina con una conclusión que deberíamos saber aprovechar: “El rápido descenso de Perú –de historia de éxito a calamidad regional- ha provocado un examen de conciencia nacional”. Por su parte el economista Roberto Abusada contribuye en El Comercio dando un paso que va del examen de conciencia a planes efectivos de acción: “Todos debemos despojarnos de intereses y orientaciones ideológicas particulares y cooperar con ideas y, sobre todo, con acciones concretas. No existe ningún país que haya avanzado contra esta pandemia sin estrecha participación del sector privado y la sociedad civil”.

Hubiéramos podido esperar que el Congreso tome el peso de la situación y evite actuar como un factor de distracción de energías y un obstáculo a la recuperación económica. La última pésima señal procede de la Comisión de Defensa del consumidor. Sin mayor debate con los especialistas, la Comisión ha elaborado un predictamen bajo el noble título de “Ley que protege la integridad económica familiar de los hogares peruanos en tiempos de emergencia nacional”. El predictamen ha recibido opiniones negativas de los organismos consultados, públicos y privados, pero los congresistas persisten en imponer “la condonación de los intereses de los servicios de agua, energía eléctrica, telecomunicaciones, internet y gas”, así como ‘la condonación del pago de interés en los servicios bancarios y comerciales con tarjetas de crédito”. Si fuera por algunos congresistas nuestro sistema financiero se convertiría en una víctima más del coronavirus y el populismo. La Defensoría del Pueblo afirma que se trata de una norma que pretende proteger a consumidores en desmedro ahorristas, lo que la vuelve inconstitucional.

Ayer domingo se celebró una misa memorable en la catedral de Lima. El arzobispo Carlos Castillo quiso establecer una conexión entre la festividad del Corpus Christi y la desaparición de más de seis mil víctimas del coronavirus, muchos de cuyos cuerpos no pudieron recibir los homenajes funerarios que son característicos de nuestra sociedad: velar, acompañar al cuerpo a su lugar de reposo, reconfortar a parientes y amigos con los ritos propios de las creencias de cada cual. Las bancas vacías de la catedral exhibían fotos de los fallecidos enviadas por sus parientes, que así podrán guardar el recuerdo del respeto que los vivos debemos a quienes nos han precedido en la partida definitiva.

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