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Después de la marcha en Lima

El Perú vive un momento difícil, lo que nos debería incitar a despreciar menos y comprender más.

20 de enero del 2023
Fernando Carvallo
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No han aparecido por ahora líderes de las protestas, ni reivindicaciones puntuales. | Fuente: AFP | Fotógrafo:

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Como suele suceder con las manifestaciones, cada uno tiende a ver, destacar y juzgar de acuerdo a sus sesgos y prejuicios.

Los que manifestaron coreando “Dina asesina”, difícilmente reconocerán el trabajo profesional de la Policía, que permitió evitar la pérdida de vidas humanas en la capital. Los que reducen el alcance de las manifestaciones al vandalismo y la subversión, difícilmente admitirán que es responsabilidad del Estado persistir en la búsqueda del diálogo y la solución política de los problemas.

En este caso, hay que reconocer que al resentimiento histórico de regiones y categorías sociales, se añade el impacto de las más de cincuenta muertes que se han producido desde el inicio de las violencias, después del fallido golpe de Estado de Pedro Castillo.

En la conferencia de prensa realizada anoche, la presidenta y su primer ministro destacaron la coordinación con la que se habría atacado ayer los aeropuertos de Cusco, Puno y Arequipa. Todos debemos reconocer que el ataque a un aeropuerto es un acto ilegal, que pone en riesgo la vida de muchas personas y que responde a un designio criminal.

Lo que no impide que deba ser investigada la muerte del joven que falleció ayer en las inmediaciones del aeropuerto arequipeño. Tampoco es aceptable el bloqueo de carreteras, que persiste en numerosas localidades de nuestro país y que ha causado también muertes y empobrecimiento.

No basta que el gobierno elogie a la Policía, a la Fiscalía y a la Defensoría, que hicieron esfuerzos para evitar lo peor. Le corresponde tomar la iniciativa de una acción que muestre en los hechos que ha entendido el mensaje que se le hace llegar, por confusa y contradictoria que sea su formulación.

No han aparecido por ahora líderes de las protestas, ni reivindicaciones puntuales. Y algunos se niegan a reconocer el golpe de Estado y la legitimidad de la sucesión constitucional. El Perú vive un momento difícil, lo que nos debería incitar a despreciar menos y comprender más.

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