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El riesgo de acostumbrarnos a autoridades bajo sospecha, por Fernando Carvallo [COLUMNA]

¿Cómo sorprendernos si el propio Pedro Castillo enfrenta seis investigaciones fiscales y sus abogados multiplican los recursos para que se paralicen las investigaciones?

15 de noviembre del 2022
Fernando Carvallo
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Cuando haya terminado la presidencia de Pedro Castillo recordaremos como un mal sueño el número record de nombramientos de ministros, autoridades y funcionarios investigados, juzgados, condenados y prófugos. Esperamos, naturalmente, que el que lo reemplace introduzca un clima moral diferente y restablezca la confianza en las virtudes republicanas que encarnaron algunos de nuestros dirigentes. Quizás pocos, pero los hubo. Solo en los últimos días la fiscalía ha solicitado 36 meses de prisión preventiva para Vladimir Cerrón, el líder y fundador de Perú Libre. La Fiscalía le imputa graves delitos de corrupción y el fiscal Vela ha reafirmado ayer su plena convicción de que el máximo de prisión preventiva se halla en su caso plenamente fundado. Pero también la ministra de Cultura, Betsy Chávez, ha pasado a ser investigada por nombramientos de allegados. ¿Cómo sorprendernos si el propio Pedro Castillo enfrenta seis investigaciones fiscales y sus abogados multiplican los recursos para que se paralicen las investigaciones? Pero es igualmente grave lo que sucede con algunos partidos de la oposición. Ya el tema de los “niños” de Acción Popular es suficientemente conocido. Pero nos estamos olvidando del caso de un congresista de APP, Freddy Díaz, acusado de violación sexual. Y de otro de Somos Perú, ex vicepresidente del Congreso y prófugo de la justicia después de haber sido condenado por corrupción, Wilmar Elera. Y desde ayer tenemos otro congresista condenado a cuatro años por “falsa declaración y falsedad genérica”, Raúl Doroteo también de Acción Popular. Por supuesto que la responsabilidad principal es la del presidente Castillo que según la constitución “personifica la nación”. Pero el problema de la corrupción y la ignominia se extiende a la mayoría de fuerzas políticas. Lo grave es que terminemos por acostumbrarnos y que la inmoralidad nos parezca normal.

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